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Ingeniería en Sistemas TIC

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Full stack developer en Streamly

Mi camino profesional

Venía de un bachillerato tecnológico y elegí Ingeniería de Sistemas TIC en la EPSEM porque juntaba los conceptos que más me atraían en aquel momento: informática, comunicaciones y hardware. El plan de estudios me pareció interesante y, aunque no tenía claro que ese mundo me fuera a gustar, intuía que era una buena decisión.

Con los años he entendido qué significa para mí ser ingeniero. No aprendes una cosa concreta: aprendes un método. Te enseñan a resolver problemas y a valerte por ti mismo. No solo ha sido estudiar: ha cambiado cómo me organizo, cómo trabajo y cómo me relaciono dentro de un equipo.

Adquirir la capacidad de resolver un problema con las herramientas que tienes a tu alcance.

Por ejemplo, conseguir agua en una isla desierta, donde solo tienes lo que encuentras a tu alrededor, o diseñar una web en un mundo como el de ahora, lleno de recursos: documentación de sobra y herramientas tan buenas como la IA. En los dos casos el trabajo es el mismo: sacarle el máximo partido a lo que tienes.

Analizar, dividir, resolver por partes

Suena abstracto, pero ante cualquier reto mi cabeza hace siempre lo mismo, y es bastante mecánico.

Analizar el problema. Partirlo en trozos más pequeños. Resolver cada trozo por separado.

Me di cuenta al ver que los problemas de clase y los del día a día se resuelven igual. Sin buscarlo, acabé aplicando ese orden a todo.

Pero dividir tiene otra cara: una persona sola no sabe hacerlo todo. Por eso creo que saber delegar es clave. Identificar qué puede hacer cada persona o herramienta mejor que tú, y delegárselo, es lo que te permite avanzar rápido.

Eso sí, todo tiene que estar conectado: las tareas se reparten, pero las decisiones se ponen en común con todo el equipo. El trabajo en equipo es la base de todo. Y ahí empiezan las conexiones.

La tecnología que no vemos

Gran parte de la tecnología que usamos cada día no se ve. Satélites, frecuencias, la conexión a internet, una simple llamada: todo un mundo que parece invisible y que, de alguna manera, funciona.

Me fascina pararme a pensarlo. La tecnología de hoy está tan avanzada que funciona sin que nos demos cuenta, pero detrás hay un trabajo inmenso y miles de piezas que dependen unas de otras.

Nadie mira nada de eso, precisamente porque funciona. Cuando la infraestructura hace bien su trabajo, se vuelve invisible.

Software, hardware y comunicaciones

Software, hardware y comunicaciones han sido la base de mi formación. No me he especializado a fondo en ninguna de las tres, y no lo veo como una carencia.

Ver un sistema entero desde fuera, y entender cómo encajan sus capas, me ha sido mucho más útil que saber solo de una.

En la carrera casi todos los proyectos juntaban las tres, y eran los más interesantes. En Streamly el trabajo es sobre todo software, pero la comunicación sigue ahí: todo vive en internet, y buena parte del trabajo es decidir qué servicios hay y cómo se hablan entre sí.

Sobrevivir en un mundo que no para de cambiar

En pocos años la IA ha cambiado cómo se programa, y no será el último cambio. Saber programar ya no basta: hay que adaptarse.

No me considero el más listo de la sala, pero sí alguien espabilado. Sé darme cuenta de cuándo me estoy aferrando a una forma de hacer las cosas y toca valorar otras.

Aprender a andar sobre un terreno que se mueve.

Lo demás está en los proyectos